Llegó el día de la presentación oficial en España de 'Caníbal', la última película de Manuel Martín Cuenca que, antes de proyectarse en nuestro país, ya fue preseleccionada para representar a España en los Oscars. Ello, sumado a las buenas críticas que cosechó en el Festival de Toronto, fueron los causantes de que la cola para entrar al pase fuera directamente proporcional a la tremenda expectación por ver la película. La recepción de la prensa fue fría y sólo algunos pocos mostraron el mismo entusiasmo que se mostró en Toronto.

La película supone una deconstrucción europea del psychokiller moderno que padece un trastorno afectivo que lo convierte en un depredador implacable. El protagonista es un sastre, excelentemente interpretado por Antonio de la Torre, que manifiesta su deseo hacia las mujeres matándolas y, luego, comiéndoselas. Un artesano en su profesión que trabaja con la misma pulcritud y eficacia con la que comete sus asesinatos y que, en un toque 'vertiginoso' a lo Hitchcock, verá como los fantasmas de sus víctimas vuelven de entre los muertos para destruirlo. Como ya hacía en 'La flaqueza de bolchevique' y en la soberbia 'La mitad de Óscar', Martín Cuenca nos está hablando de una historia de amor imposible y lo hace ejerciendo la misma mirada reflexiva que en 'La mitad de Óscar', aunque en aquella ocasión la exploración de los silencios y los tiempos muertos tenían una mayor introspección. Quizás sea esa precisamente esa frialdad, lo que nos impida vivir la película como una experiencia completamente satisfactoria.

'Gravity', la razón de ser del 3D
A primera hora de la tarde ocurrió uno de aquellos momentos inolvidables en un festival. Una de aquellas experiencias cinematográficas que marcas en tu calendario vital, aquellas que no olvidarás jamás. La proyección de 'Gravity' del mexicano Alfonso Cuarón dejó a toda una sala de cine sin respiración. Un silencio abrumador inundó la sala durante un segundo después de que el último fotograma desapareciera de la pantalla y, acto seguido, una atronadora ovación inundó la platea. No era para menos. 'Gravity' es una aventura espacial en primera persona sin precedentes, algo nunca visto en un cine. Si por alguna razón se inventó el 3D, esa razón es 'Gravity'. Es de las pocas veces que el 3D se utiliza como un recurso formal que incide de manera esencial en la puesta en escena de la película ya que, Cuarón, lo utiliza para retratar el infinito. Jamás el espacio ha sido fotografiado con la profundidad e inmensidad con la que lo hace 'Gravity'.
El filme es un tour de force visual en el que Cuarón nos sitúa, literalmente, en el espacio junto a dos astronautas que, durante una misión espacial, sufren un accidente que les deja incomunicados en mitad del espacio. Espeluznante, ¿verdad? Pues prepárense para ver a Sandra Bullock disparada sin control hacía el vacío, una de las imágenes más bellas y, a la vez, aterradoras que se han visto en el cine en años. Pero el filme no sólo se queda en su abstracción visual, sino que, al fin y al cabo, 'Gravity' es una conmovedora metáfora sobre una mujer que, tras la muerte de su hija, se dirige a la deriva aislada en su propia burbuja. Una mujer que es interpretada por una Sandra Bullock que, cual Teniente Ripley, realiza un trabajo físico y psicológico nunca antes visto en su carrera. El director mexicano ha realizado la que, sin lugar a dudas, va a ser de las cinco mejores películas del año.