CRÍTICA

'Con el agua al cuello' satisface el corazón con una historia de segundas oportunidades llena de honestidad

En una época que apunta al fenómeno de las comedias crepusculares, Hallie Meyers-Shyer mantiene la esencia noventera, para lo bueno y lo malo.

Por Juan Pablo Bargueño Galeano Más 21 de Febrero 2025 | 09:45
Redactor y crítico en constante aprendizaje. El cine me ha enseñado a vivir.

Comparte:

¡Comenta!
Michael Keaton busca la redención como padre en 'Con el agua al cuello'
Michael Keaton busca la redención como padre en 'Con el agua al cuello' (DeAPlaneta)

Para Andy Goodrich, al que da vida Michael Keaton, no existe otro pasatiempo que el trabajo. Se despierta temprano, cuando los rayos de sol aún no llegan a rozar la arquitectura del Downtown de Los Ángeles; dedica sus esfuerzos a salvar su galería de arte de la bancarrota, y, cuando finaliza la jornada, regresa a su lujosa casa de las colinas desde donde se observa la vida nocturna en forma de pequeños destellos. Una de esas noches, Goodrich recibe una llamada: su mujer, con la que tiene dos hijos gemelos de 9 años, ha ingresado en un centro de rehabilitación.

A Goodrich le sorprende la noticia. Por primera vez y durante noventa días, debe ser un padre ejemplar y estar pendiente de sus dos hijos. No obstante, al sentirse incapaz de compaginar su vida laboral con la personal, el galerista pide ayuda a su primogénita, Grace (Mila Kunis), para convertirse en el padre que ella nunca tuvo en su infancia.

Mila Kunis interpreta a Grace, la hija mayor de Goodrich
Mila Kunis interpreta a Grace, la hija mayor de Goodrich (DeAPlaneta)

'Con el agua al cuello', el segundo largometraje de la directora de 'De vuelta a casa', Hallie Meyers-Shyer, es una comedia en la que un padre ausente busca la redención cuando lo único que le queda en la vida es la familia. Esta transformación es tan conveniente e inapropiada como la de Ebenezer Scrooge al serle revelado un futuro oscuro, la de Job al ser sometido a la fe por miedo a Dios, o la de aquel que encuentra el valor de la vida cuando ha estado cerca de la muerte.

La existencia de Goodrich es una fábula con una estructura y moraleja formularias que funcionan a la perfección gracias a una constante manifestación de conflictos en los que todo sale bien. Además, la imperfección de la perfección de las comedias hollywoodienses, que parecía extinta, queda vinculada a la colisión entre personajes ajenos a una realidad agridulce. De hecho, la visión de Meyers-Shyer no contempla el desánimo, sino que apuesta por el lado bueno de las cosas. 'Con el agua al cuello' no es una de esas cintas que te hace saltar de la butaca, pero es innegable su capacidad de satisfacer el corazón del espectador.

Tal resultado tiene su origen en la simpleza con la que Meyers-Shyer aborda su propio texto. A su vez, dicha simpleza llega a ser antagónica, primero, a la imagen, dependiente de la verbosidad de los diálogos y limitada, en gran parte, al plano contraplano (varias escenas demuestran que la directora domina con gracia el lenguaje cinematográfico, pero se limita a una ejecución poco arriesgada), y, segundo, a la propia narrativa, en la que la sobrecarga de buenas intenciones reprime cualquier tipo de emoción dramática, constituyendo una reiteración de recursos que mengua en su efecto.

El experimento

El arte cinematográfico evoluciona a la par que el mundo y sus sucesos. Cuanto más nueva sea la obra, más difícil será su enfrentamiento contra un público que cada vez es más autorreflexivo y consciente de las tradiciones y, por ende, de sus ambigüedades. Por esta razón se puede afirmar que 'Con el agua al cuello' es una producción arriesgada, dado que es una obra propia de la fantasía noventera; un experimento de supervivencia en el que un anacronismo debe enfrentarse a una versión distópica del futuro.

En esencia, el mundo del que parte Meyers-Shyer es una versión irreconocible del presente: Goodrich es un jefe ejemplar, amable y empático que siempre sonríe; Grace es una periodista de artículos de entretenimiento que nadie lee, pero vive en una casa de catálogo; todo desconocido porta una gran sonrisa blanca y la mayor preocupación de la persona más desesperada del planeta es reservar su clase de taichí y estar al corriente de sus provisiones de Kombucha y vino californiano.

Esta despreocupación social representativa de las comedias estadounidenses que rendían culto a la perfección del sueño americano en su época de máximo esplendor, en la que occidente y sus estados jaleadores planificaban un futuro liberal tras la desintegración de la Unión Soviética, el surgimiento de villanos exóticos como Sadam Husein y héroes de traje, corbata y despacho como Bush padre y Bill Clinton, sería, en teoría, un fracaso desde su propia concepción. No obstante, 'Con el agua al cuello' funciona sorprendentemente bien, y sus defectos quedan eclipsados por su honestidad y ternura.

Goodrich junto a sus hijos, Mose y Billie
Goodrich junto a sus hijos, Mose y Billie (DeAPlaneta)

El éxito como obra de 'Con el agua al cuello' se debe a la claridad y control de Meyers-Shyer, que es capaz de sobreponerse a las disonancias culturales por medio de una estructura lo suficientemente eficaz para complacer a todos los que se presenten en la sala de cine. Es demasiado tarde para que este filme perdure en la memoria, pero es lo bastante convincente como para levantar los ánimos, y con eso es suficiente.

'Con el agua al cuello' se estrena en cines el 21 de febrero.

6
Lo mejor: Michael Keaton, la pluma de Hallie Meyers-Shyer y su práctica simpleza.
Lo peor: La verbosidad de sus diálogos por encima de la imagen, el poco peso del drama y su excesivo buenrollismo.