
Un continuo as bajo la manga
Sin spoilers
Pablo Berger ha trabajado el guión de 'Abracadabra' desde la magia: ¿quién hubiera pensado que en un grito tan molesto cabría, como un encaje de bolillos que se mete en la chistera sin presión, una mezcla de géneros que lejos de chirriar, suena muy bien? Todo arranca de forma cegadora, con personajes molestos e insignificantes que tendrían muy poco que decir de no ser por el tono en constante evolución de la película, que no pierde el timbre cómico en ningún momento pero que se convierte, poco a poco, en una ristra de pañuelos de diferentes colores. La sorpresa del pastel, la guinda y lo que realmente pone en valor la historia de Berger y despliega el poder mágico de una estridencia que al principio te puede echar para atrás.
Luego está Maribel Verdú, una mujer acogotada al dictamen de un marido que parece más bien un becerro que un hombre, y que se alimenta a base de cerveza y de partidos de fútbol. Sin ser nada del otro mundo su personaje, las muecas exageradas de esa mujer y toda esa humanidad y deseos desbocados, Verdú los defiende bien y convierte en algo especial. A su lado, es verdad, que Antonio de la Torre se queda cortito.
Luego está José Mota, en el papel del hipnotizador, que para sorpresa del espectador podría caer fácilmente en una parodia de su personaje y no lo hace, no desequilibra la película.
Del final habría que agradecer a Berger que haya sabido tomarle el pulso al momento en el que vivimos.
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