
Amor pequeño, amor gigante.
Sin spoilers
Los dos azules que se tocan y, en medio, el horizonte conciliador. La cámara que se aleja, y en el oleaje de una cortina blanca aletea la brisa marina, en plano medio un recipiente de barro del que se asoma un brote verde que irrumpe en escena, protagonista involuntario de su diminuta existencia. Y es que los primeros dos minutos de Cinema Paradiso son la metáfora perfecta para la vida, de esa vida pequeña y sus pequeñas cosas, ajena a todo, como un niño que va creciendo feliz mientras se columpia en sus historias sin importancia, de eso trata esta película, de la grandeza de las cosas pequeñas.
Podemos hablar sobre sus tres actos, sobre su delicioso ritmo, sobre los actores y sus interpretaciones, sobre la maravillosa banda sonora, sobre el trabajo de fotografía -capaz de recrear esa luz tan propia de los veranos en el pueblo, dibujando magia en cada centímetro de celuloide-, sobre su olor a mediterráneo, a nostalgia, a inocencia y, bla bla bla. Pero, lo que realmente cuenta de esta película es que hace grande y hermoso algo que, por lo general, en el cine suele ser pequeño y feo, sin importancia, tonto unas veces y estúpido la gran mayoría: el amor. Lo hace grande sí, pero precisamente porque no lo engrandece, porque se toma su tiempo para que germine en los personajes, como un pequeño brote en un maceta de barro, lo va regando sin prisas, y, al mismo tiempo, va haciendo sitio en nuestros corazones para que quepa todo, y es que el amor de Cinema Paradiso crece al mismo ritmo en que lo hace la película, y el propio protagonista.
Sí, es una película sobre crecer, y sobre el amor, ¿sobre el amor al cine?, puede ser, pero principalmente sobre el amor a la familia y el amor a la tierra, de la importancia de volver a las raíces, de los amigos que llenaron todo cuando estuvieron y más aún cuando no están, de las pasiones que nos mueven y que nos definen, de la inocencia de amar a alguien por primera vez y creer que siempre será así de perfecto, del oleaje de relaciones que soportamos y del que siempre acabamos saliendo mejores marineros... el amor, lo importante que es y lo pequeño que queremos hacerlo.
Gracias, Cinema Paradiso, por recordarme cada vez que te veo, lo grande que es el amor pequeño.
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