
De puente a puente...
Sin spoilers
'El puente de los espías' comienza con el apacible y desconcertante retrato de Rudolf Abel (Mark Rylance) haciendo lo que más le gusta: pintar uno de los puentes de la ciudad de Nueva York. Y acaba con otro puente, el berlinés puente Glienicke, que da nombre a la película y donde ha de producirse el intercambio entre espías por parte del gobierno de los Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Desde un puente hasta el siguiente asistimos a un denso y sustancioso metraje dirigido con maestría por Steven Spielberg. La atmósfera conseguida es arrolladora y la presencia de Tom Hanks se justifica en la película desde el primer gesto. Pero el encanto no dura para siempre y la magia conseguida se rompe en el mismo instante en el que la intensa y dramática historia se salpica de innecesarios toques de humor.
Además, pese al talante de Hanks y lejos de resultar un personaje plano, Spielberg trabaja a trompicones las motivaciones del protagonista hasta precipitarlo a misiones suicidas justificadas únicamente por la bondad del propio James Donovan.
Una película de factura elegante pero que lamentablemente llega a su final y aunque resulta satisfactorio, no podemos calificarla de redonda.
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