
Una vida en directo
Sin spoilers
Cuando una película hace que te surjan dudas sobre tu propia existencia significa que algo especial tiene. En esta ocasión, se rompe la cuarta pared, pero no para que el personaje salga de la historia, si no para que el espectador entre en ella, ya que en cierto modo, concierne tanto a nosotros como a los espectadores de dentro de la película. Hace así un doble juego que ya en sí representa una idea muy innovadora para la época.
Al contrario que obras posteriores con algo de similitud, como Matrix, en el que la realidad está controlada por máquinas (¿demasiado increíble para ser cierto?) o Los Juegos del Hambre, en el que se traslada a un hipotético futuro para dar sentido a la mentalidad de sus personajes, El Show de Truman puede ser la vida normal de cualquier persona en la actualidad. Truman tiene que contemplar como todo lo conocido se convierte por completo en desconocido, su vida es una farsa y tiene que volver a nacer sobre un conocimiento nuevo, a través de un mundo confuso buscar la luz de la verdad.
Es así como la filosofía de la vida se vuelve casi tangible: el hombre como marioneta, el Dios controlador, los amores negados y fingidos, la publicidad encubierta que se encuentra en casi todos los sitios, una libertad que manipulada por otra persona nunca se puede llamar libertad.
Jim Carrey, que con esta actuación ganó el Globo de Oro (aunque fue olvidado en los Óscars), le aporta un toque único, la inocencia que la situación inspiraría a una persona como tú o como yo.
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