
One team, one country
Sin spoilers
Previsible en su desarrollo y en su desenlace, la película no le ofrecía a Eastwood muchas salidas para conseguir mantener el interés del espectador. Pero este director sabe muy bien cómo explicar una historia, trabaja desde un guión cuajado de agradables sorpresas y pone en juego a dos grandes actores: uno negro, Morgan Freeman, sensacional en su interpretación del Presidente Mandela, uno blanco, un rejuvenecido Matt Damon, correcto en su papel de líder deportivo.
Que un equipo de rugby (o de fútbol o de cualquier deporte de masas) pueda ser utilizado con fines políticos y de movilización no lo descubre Eastwood, pero el director americano, con un lenguaje tan sencillo como un eslogan publicitario, hace fácil lo difícil y consigue que las imágenes calen en el sentimiento, al tiempo que el mensaje penetra en la cabeza: la unión, la solidaridad, la aceptación de las diferencias pueden llevar a una persona, a un equipo o a un país al triunfo más inesperado y hacer que se sienta dueño de su propio destino.
Vale la pena verla en versión original. El inglés de Freeman, un yanqui con acento zulú, es impagable.
Críticas de los usuarios