
El supermercado de la vida
Sin spoilers
Cuando uno piensa en Seth Rogen y Evan Goldberg lo primero que le viene a la mente es un lenguaje zafio, plagado de explícitos chistes, siempre expresado con carisma por las voces de la banda promovida por Judd Apatow. Y en el momento en el que se anunció que su nuevo proyecto sería una película animada con comida como protagonista cabía esperar una cinta entretenida y original, pero han ido mucho más allá. Este año le han ganado la partida con todas las de la ley a Pixar a la hora de plantear una historia que no solo divierte durante todo su metraje, sino que encierra una potente alegoría sobre la represión sexual y la intolerancia entre diferentes culturas que apresan a nuestra sociedad, atemorizada por diversas creencias teológicas.
Por ello tiene especial sentido la exaltación sexual a la recurren con sus personajes, cuya principal motivación es salir del supermercado para conocer un "más allá" utópico, sin ser conscientes de la realidad que les espera cuando los humanos les degüellen y mastiquen entre sus fauces. La salchicha y el pan de perritos calientes que protagonizan el film desean salir de sus envases para culminar su relación con el coito -o como se llame entre productos alimenticios-, hasta el momento en que sus creencias se ven puestas en cuestión, y se plantea el dilema de seguir creyendo ciegamente o poner en funcionamiento el pensamiento científico, la razón ante la tradición sin bases.
Todo esto sazonado con flirteos interraciales, homosexuales y todo lo que a uno se le pueda ocurrir. Un verdadero grito a la liberación mental de todos los humanos, de despojarse de prejuicios estúpidos y vivir la vida como merece ser disfrutada. Una orgía para el buen humor y el disfrute de de nuestras neuronas cansadas de ver el odio intercultural y religioso que nos rodea.
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