
El verano indie más surrealista.
Sin spoilers
Dulce, rara, entrañable, excéntrica. Como un sueño, como el verano que, en parte, todos querríamos tener. Una maravilla, un apaciguado y total deleite.
Wes Anderson sabe contar y también cómo contar lo que quiere expresar. La película es suya, él hilvana todos sus elementos, los prepara, los envuelve, los coloca. Sabe cuál es la posición de la cámara, la de los actores, y incluso la posición del propio tiempo meteorológico, tan vital para la trama.
Una historia que nos conmueve, nos llega, nos seduce, nos hace ver que hacer otro tipo de películas es posible. Un boy-scout huérfano se enamora una chica que no mantiene una buena relación con su familia, este es el punto de partida de la historia en la que todo tipo de situaciones surrealistas y excéntricas tienen cabida. No digo más, todo lo demás ha de ser sorpresa.
El reparto es genial, liderado por los niños protagonistas que están a la altura de nada más y nada menos, que por Edward Norton, Frances McDormand, Tilda Swinton, Bill Murray y un Bruce Willis, que sorprende en un papel que no tiene nada de tipo duro.
La música es excepcional. Que una misma partitura se repita mil veces, pero con instrumentos y tonos distintos, y no cansarte de ello, es de elogiar. Aparte de las canciones elegidas tan evocadoras en los momentos clave.
Lo mejor de la película es su fotografía ocre, arrugada como si de una fotografía antigua se tratara. Y ese verano tan otoñal, tan deprimente pero a la vez tan mágico, tan de sueño, porque la película es como si fuera un sueño. Un sueño en el que multitud de escenas tan surrealistas aportan un punto ácido, no apto para niños ( Vi muchos en la sala, y vi las caras de incomprensión ante lo que estaban viendo). Esto no es una película para críos, esto es cine indie, un cine que no todas las personas tan dispuestas a descubrir, todavía no sé por qué, ellos sabrán. Un cine de la mano de un Wes Anderson, que ha llegado a su etapa ocre, quizás habrá estado mucho tiempo viendo fotos viejas y escuchando viejas canciones. No sabemos por qué Anderson le habrá dado por hacer esta maravilla, pero que siga, que siga, yo estaré allí para verlo.
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