
En las tinieblas de la mente
Sin spoilers
La Sombra. Hace mucho tiempo que no te oigo hablar; quisiera ahora ofrecerte ocasión para ello.
El Viajero. Alguien habla: ¿dónde?, ¿quién?, a mi me parece que me oigo hablar a mi mismo, pero con una voz más débil que la mía.
La Sombra. (Tras una pausa). ¿No te alegras de tener una ocasión de hablar?
El Viajero. Por Dios y por todas las cosas en que no creo, mi sombra habla: la oigo hablar, pero no lo creo.
La Sombra. Supongamos que es así, y no pensemos más en ello. Dentro de una hora todo habrá concluido.[...]
Así arranca la obra "El viajero y su sombra" del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, en una de sus incursiones a los páramos de la locura que, paradojas del destino, el propio pensador visitaría durante once años hasta su muerte en 1900. En otra de sus cumbres literarias "Así habló Zaratustra", Nietzsche se materializa en un viajero tomado por loco bajado de las montañas, para advertir a la gente del cruel destino del mundo, siendo obviamente, despreciado.
Aún queda mucho ignorante que asocia al filósofo con el fascismo y los movimientos nazis, sin pararse a pensar en la manipulación que éstos hicieron de su pensamiento, perdiéndose así a uno de los hombres clave que vaticinaron como nadie el devenir del mundo en el siglo XX, y por qué no decirlo, el apenas comenzado XXI.
Durante el visionado de la película de Scorsese, varias veces me vino a la mente las obras del conocido filósofo, por el nihilismo que desprende en su precipitación hacia las cloacas de lo llamado humano, y la fina línea que nos separa no sólo de la locura, sino de ser un animal violento incontrolable. Un ser domado por las circunstancias sociales, que desprovisto del sentimiento de culpa o amparado en las ideas de la impunidad de sus actos (sobretodo en la guerra), aflora la peor naturaleza conocida.
El cine, al igual que la literatura, le debe mucho a las obras de Nietzsche, escritores y pensadores posteriores tales cómo: Freud, Jung, Sartre, Foucalt, Heidegger, Ortega y Gasset, María Zambrano o directores de la talla de Hitchcock, Kubrick, David Fincher, Tomas Anderson, Milos Forman, Terry Gillian, y tantos otros que han plasmado a su modo las pulsiones extremas del hombre.
Scorsese ya había experimentado con su sociópata nihilista en la piel de Travis Bickle (Robert de Niro), en la espléndida Taxi Driver (1976), donde se atisbaba la madurez del realizador culminada en Toro Salvaje, (1980). Éstos no eran sino la materialización de las cloacas de antes, surgidas del dictador capitalismo, el cual se deshace de aquéllos que ya no necesita o que nunca tuvieron su oportunidad.
Leonardo DiCaprio en su cuarta colaboración con el director, nos lleva de la mano a través de los entresijos de esta siniestra isla con psiquiátrico, dónde está convencido de que nada es lo que parece. El relato con tintes kafkianos, es todo lo turbador que puede e intenta despistar al espectador, al cual invita a jugar continuamente con él. Cierto es que lo más avispados a medio metraje pueden intuir por donde acabará la cosa...o no.
Dennis Lehane, es el escritor original del relato, al cual Scorsese dota de un vigor que no tenía su anterior adaptación Mistic River de Clint Eastwood, aunque no por eso menos buena.
Construye una puesta en escena soberbia, cargada de onirismo y flashbacks que sondean lo profundo de los sueños cargados de culpa y miedos, con especial mención a un travelling espectacular en un recuerdo de la segunda guerra mundial del protagonista, donde "ajustician" a un grupo de oficiales alemanes de un campo de concentración (impresionante).
Scorsese funde en la misma jugada, pinceladas como el símil hecho al pintor George Braque y su mundo cubista; al cine de los años 40 de Val Lewton, a la par que una estética gótica con ecos del pasado de la psiquiatría y todas sus aberraciones; y las angustias de los tiempos de la incipiente guerra fría y sus bombas de hidrogeno.
El elenco actoral que es de primera, cumple holgadamente con su cometido, haciendo una parada obligatoria en un sensacional Leonardo DiCaprio, que demuestra aquí en el gran actor en el cual se está convirtiendo, dejando mohines, clichés y tics del pasado, a detalles elaborados e interpretaciones de primera, caso que nos ocupa o Revolutionary Road (2008, Sam Mendes).
Shutter Island es un film que divide a espectadores entre amor/odio, que no deja indiferente, viniendo a querer ocupar un puesto propio en la galería de films que hicieron época: Alguien voló sobre el nido del cuco, 12 Monos, Seven, El sexto sentido, El club de la lucha...; y que nos deja al mejor Scorsese superior a la sobrevalorada Infiltrados por la que consiguió el Oscar, en su extraña incursión al cine paranoide, con toques fantásticos y final sorpresa, que también le ha funcionado a otros. Bienvenido sea.
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