De vuelta al clasicismo, turbación y simpatía

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Crítica de 'Tiana y el sapo'

De stanley

10 mar 2010

8,0

Sin spoilers

Nunca me declaré admirador de los números musicales de Disney. Pero, visto muchos años después, se me antoja como fruto de la juventud, que cómo decía Bernard Shaw, "es una cosa que se cura con los años". Ahora metidito en la treintena, aceptas el hecho que de niño quieres ir a la historia, la acción y demás y, los numeritos musicales de marras, te distraían de tu propósito. Ahora comprendes que complementan e inclusive en muchos casos potencian y muestran el talento e ingenio de sus creadores.

Disney y sus obras, analizadas fríamente, siempre me resultaron de un trasfondo gore y turbador. Bajo el manto del colorido, las canciones y comicidad, subyacía la oscuridad y pulsión extremas del ente humano, aunque fuesen animales sus protagonistas. Mírese "El rey león", más cercana al universo de Shakespeare, hijo de un padre asesinado por su hermano, frente a la codicia del poder. Tarzán, hijo de padres también asesinados por la salvaje naturaleza, que debe buscar su lugar en un mundo hostil. ¿Y qué me dicen de Bambi y la cara que se te queda con seis años, preguntándole a tus adultos el por qué del escopetazo del cazador sin escrúpulos? Muchos de mi quinta siguen en terapia...

Tiana y el sapo ha arriesgado con su vuelta al clasicismo de la animación 2D y la música. En una era donde la prole exigen cotas elevadísimas de calidad y millones de píxeles en movimiento, debido al auge del videojuego y, porque no decirlo, la auto-superación en cada proyecto de esos máquinas de Pixar, que con Up, han dejado claro quienes son los mejores, en combinar tecnología e historia; Tiana y el sapo nacía con cierta predisposición al fracaso, cosa que no ha sido; y me alegro.

Todo en ella son referencias al universo Disney, sin que por ello pierda su originalidad y sello propio. Hay ecos a la Bella y la bestia, con el mensaje de "da igual que envoltorio se tenga mientras cuente el interior"; al libro de la selva con las escenas del pantano y el cocodrilo Louis, una suerte de Baloo trompetista de Jazz; a Pinocho y su Pepito Grillo, materializado en una luciérnaga llamada Ray, de acento andaluz cercano al cangrejo Sebastián de "La Sirenita", o al niño-pez mellado de "Buscando a Nemo", "zezeando " todo el tiempo. Eso unido al malo de la función, Facilier, de rasgos picudos y sombras alargadas como el Scar del nombrado Rey león; el Hades de Hércules; o el juez Frollo tutor de Quasimodo en "El jorobado de Notre Dame"; a las pautas de conducta de la reina de Blancanieves, también hechicera como éste.

Siguiendo con la música, premisa y razón de ser de los films del supuesto señor criogenizado, Tiana y el sapo posee números de desparpajo y estética similar al Simbad cantando querer ser rey león; a las siniestras coreografías de Scar y sus hienas o la mismísima Fantasía, en las puestas en escena de todo lo que trama Facilier; auspiciando lo que comentaba antes de lo muy turbador que resulta el universo Disney. Sin que por ello, Tiana se resienta, para que dentro de poco la veamos en la estantería de los imprescindibles "clásicos".

El film muestra una excelente animación, un guión chisposo con personajes carismáticos; un sensacional uso de la luz preciosista en su fotografía -sobretodo en los espacios cerrados-; unos números musicales cortos y concisos sin llegar a cansar; una declaración de amor a Nueva Orleans, cuna de tan buena música, artistas y gente destilando alegría en contrapunto a la pobreza y miseria que azotaba sus calles, en una tierra tocada por las catástrofes.

Tiana y el sapo se ve con una sonrisa en la cara, si le dan una oportunidad carente de prejuicios y se dejan llevar por la ilusión de las películas de antaño. George Bernanos dijo: "Cuando la juventud pierde el entusiasmo, el mundo se estremece".

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