
"De cómo los cerezos nos observan desde su existencia"
Sin spoilers
Una película que rompe con los esquemas europeos de apreciación de la vida, de la monotonía, de las emociones llenas de riesgo para disfrutar de este corto trayecto. ¿Quizás, una "Amélie" a la japonesa?
Un amasar y preparar de experiencias que, aunque fácilmente puedan llegar a echarse a perder, solo con el constante y paciente cuidado de los momentos, el fijar de la mirada en los colores y texturas de los detalles, con la apreciación de los olores del aroma del cambio, podremos crear una exquisitez, tan imperfecta a veces y fascinante otras, como la de un humano feliz.
La ranura del Dorayaki se asemeja ciertamente a la anchura de los diminutos pero profundos e infinitos ojos nipones, observadores y curiosos de mundo, de la protagonista Tukue. Con su ternura y, sobre todo, su cariñosa humanidad imperfecta, hará de usted, espectador, un observador de momentos al menos durante la duración de las reflexiones de este magnífico "firumu" o filme japonés.
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