
El caballo que humaniza a los hombres
Sin spoilers
La peli es entretenida hasta que comienzan sus últimos cuarenta y cinco minutos en los que las situaciones rozan el absurdo y el pasteleo alcanza cotas insoportables. El final es de traca, con esa inverosímil puesta de sol y la aparición del padre, el cual probablemente llevaba los cuatro años que duró la guerra tumbado a la sombra en el huerto con esa mirada perdida (el casero tenía razón). La relación familiar no está nada clara. Las caracterizaciones de algunos personajes resultan extravagantes y cuestionables tanto por sus atuendos como por sus conductas aunque todo esto queda en parte mitigado por los buenos efectos y la ostentosa producción. Lo mejor de la película. Si se hace un esfuerzo por perdonar la caspa spielberiana y esa doble capa de barniz pastoso que Steven imprime a sus películas, el núcleo central de la historia en el que los animales humanizan a los hombres hasta reducir sus diferencias por gruesas que estas sean, resulta conmovedor.
Hasta los últimos cuarenta y cinco minutos.
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