
El colmo del frikismo
Sin spoilers
Ante la falta de creatividad en los grandes estudios de Hollywood, parece que siempre es buena idea aquello de adaptar a la gran pantalla sagas de videojuegos realmente exitosos. Warcraft es la última víctima y, como de costumbre en este tipo de situaciones, no sale muy bien parada.
Warcraft: El origen enfrenta a dos pueblos y razas distintas: la de los humanos, y la de los orcos guerreros. Cada uno tiene un motivo por el que luchar, pero tendrán que darse cuenta de que tienen un malvado enemigo brujo en común que derrotar.
Reconozco nunca haber jugado al Warcraft, aunque soy un freak de un juego online de cartas coleccionables basado en éste, por lo que entiendo la dificultad que tenía esta adaptación a la hora de embutir tantísimos personajes en un solo film. Finalmente, se ha optado por elegir unos cuantos, y juntarlos en una historia más bien simplona que tampoco tiene demasiado sentido, aunque sí que esté basada en el juego de 1994. No se puede decir que sea un aburrimiento total, pero lo que más sorprende es que, estando basada en un mundo fantástico (en ambos sentidos) y repleto de personajes interesantes, la película carezca casi por completo de personalidad. Y eso es lo peor que podía pasar, porque apenas se diferencia de otros productos de Serie B de fantasía que quedaron en el olvido. Como para que nos vengan ahora, como ya insinuaron, con una trilogía. No, gracias.
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